Cuando alguien comienza un proceso terapéutico, a menudo surge la duda de: ¿cuánto tiempo voy a necesitar ir al psicólogo?
Aunque pueda parecer extraño, la respuesta ideal es: lo menos posible.
Porque la meta final de una terapia efectiva no es que te quedes indefinidamente en consulta, sino que desarrolles las herramientas necesarias para afrontar tu vida de forma autónoma.
El proceso terapéutico es un trabajo sistemático.
La psicología científica no se basa en improvisaciones ni conversaciones sin rumbo. Seguiremos un proceso claro, guiado por el método científico:
- Evaluaremos y encontraremos una explicación a lo que te está ocurriendo.
- Estableceremos unos objetivos claros.
- Aplicaremos técnicas basadas en la evidencia científica.
- Realizaremos un seguimiento continuo de los avances y posibles obstáculos, ajustando el plan cuando sea necesario.
Este enfoque estructurado garantiza que entendamos el problema, y que avancemos hacia soluciones duraderas.
La terapia psicológica no consiste en ir apagando fuegos.
La terapia no consiste únicamente en resolver los problemas que van surgiendo entre sesiones. Sino en trabajar en base a unos objetivos específicos, en función de tus necesidades y deseos.
Sí, es probable que aparezcan situaciones imprevistas que pueda ser necesario abordar. Pero es fundamental no perder el foco de los objetivos específicos que guían todo el proceso.
Estos objetivos pueden adaptarse a medida que cambian tus circunstancias, pero siempre se mantienen alineados con el plan terapéutico.
El proceso terapéutico tiene un inicio y un fin.
La evidencia científica es clara: la terapia psicológica debe tener un inicio, un desarrollo y un cierre.
Durante el proceso, el psicólogo dota a la persona de las herramientas necesarias para poder manejar sus dificultades de una manera efectiva, con el objetivo de que, finalmente deje de necesitar acudir a terapia.
El fin de la terapia no es una despedida abrupta, sino una transición planificada, que llega cuando la persona y el/la profesional deciden, en base a los resultados, que está preparada para seguir adelante sin depender del/de la psicólogo/a, pero con la certeza de que siempre puede volver si lo necesita.
El verdadero éxito de la terapia: la autonomía.
Cuando dejas de necesitar la terapia no significa que «ya no tengas problemas», que «ya no vas a volver a sufrir» o que «ya eres feliz», sino que has aprendido a manejar las dificultades con tus propios recursos.
Ese es el mayor éxito de un proceso terapéutico: que puedas vivir tu vida entendiendo tus dificultades y con las herramientas necesarias para afrontar los retos que te pueda plantear la vida
